Depresión

Todas las personas, de vez en cuando se sienten melancólicas o tristes, aunque estos sentimientos suelen ser de corta duración y pasar en un par de días.

La depresión, en realidad, interfiere con la vida diaria y causa un dolor intenso en la persona y en quienes forman su entorno o se preocupan por el afectado. La depresión es una enfermedad común pero grave.

Muchas personas con una enfermedad depresiva nunca llegan a buscar tratamiento. Pero la mayoría pueden mejorar con tratamiento. La psicoterapia y los medicamentos, además de otros métodos pueden ser altamente beneficiosos para las personas con depresión.

Causas

Muy probablemente, la depresión es causada por una combinación de factores genéticos, factores biológicos, ambientales y psicológicos.

El trastorno depresivo es un trastorno cerebral. Las teorías tienden a sugerir un desequilibrio en las substancias químicas denominadas neurotransmisores que intervienen en la comunicación de las células del cerebro.

Las imágenes cerebrales obtenidas mediante resonancia magnética, han demostrado que el cerebro de las personas con depresión difieren de las personas sin el problema. Las partes del cerebro involucradas en el estado de ánimo, el pensamiento, el sueño, el apetito y comportamiento aparecen distintas aunque no revelan por qué se han producido. Asimismo, no pueden ser utilizadas para diagnosticar la depresión.

Algunos tipos de depresión tienden a darse en familias. Los científicos están estudiando ciertos genes que pueden hacer que algunas personas sean más propensas que otras a padecerlo, junto con otros factores.

Además, un trauma, la pérdida de un ser querido, una relación difícil o cualquier situación estresante pueden desencadenar un episodio depresivo.

Síntomas

El trastorno depresivo mayor o depresión grave, se caracteriza por una combinación de síntomas que interfieren con la habilidad de la persona para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de actividades placenteras evitando así que funcione normalmente. Algunas personas pueden experimentar un solo episodio durante toda su vida, pero también puede sufrir múltiples.

No todas las personas con depresión experimentan los mismos síntomas. La gravedad, la frecuencia y duración de éstos varían dependiendo de la persona y su enfermedad en particular.

Los signos y síntomas incluyen sentimientos de:

-Tristeza persistente, ansiedad o sentimiento de “vacío”;

-desesperanza o pesimismo;

-culpa, inutilidad o impotencia;

-irritabilidad, inquietud;

-apatía y pérdida de interés en actividades o pasatiempos que antes eran placenteras.

Una disminución de:

-Energía y fatiga constante;

-concentración, recordar detalles y de toma de decisiones;

-sueño o dormir en exceso;

-apetito o comer en exceso.

O, incluso, pensamientos de suicidio.

Depresión mayor:

El sentimiento de la persona que la sufre podría ser descrito como de tristeza extrema, melancolía e infelicidad. Por supuesto, que la mayoría nos sentimos así en un momento u otro de nuestra vida aunque el periodo de tiempo suele ser corto.

La verdadera depresión clínica es un trastorno del estado de ánimo experimentando tristeza, pérdida, ira o frustración y que interfieren con la vida cotidiana durante varias semanas o más tiempo.

Trastorno distímico:

Se caracteriza por padecer los síntomas durante un largo período de tiempo (dos años o más) que pueden no ser lo suficientemente graves como para ser incapacitantes, pero sí impedir el normal funcionamiento o, simplemente, que la persona se sienta bien. Las personas con distimia también pueden experimentar uno o más episodios de depresión mayor al largo de su vida.

Depresión menor:

Se identifica por tener síntomas durante 2 semanas o más aunque no cumplen todos los criterios de depresión mayor. Sin tratamiento, las personas con depresión menor pueden correr el riesgo de desarrollar un trastorno depresivo mayor.

Algunas formas de depresión son ligeramente diferentes, o pueden desarrollarse bajo circunstancias únicas. Sin embargo, no todos los investigadores coinciden en cómo caracterizar y definir estas formas de depresión que incluyen:

Depresión psicótica, que ocurre cuando la persona tiene depresión severa, más alguna forma de psicosis, como tener convicciones falsas perturbadoras, una ruptura con la realidad (ilusión), o ver o escuchar algo inquietante que otros no pueden oír o ver (alucinación).

Depresión postparto, que es mucho más grave que la típica “tristeza” que muchas mujeres experimentan después de dar a luz, cuando los cambios hormonales, físicos y la nueva responsabilidad de cuidar a un recién nacido puede ser abrumadora.

Trastorno Afectivo Estacional, se suele originar durante los meses de invierno, cuando hay menos luz solar natural. La depresión, generalmente, disminuye durante la primavera y el verano. La psicoterapia y algunos medicamentos antidepresivos ayudan con los síntomas, ya sea en combinación o solos.

Diagnóstico

El primer paso para obtener el tratamiento adecuado es visitar a un médico o especialista en salud mental con el fin de descartar otras enfermedades que ocasionen los mismos síntomas, mediante un examen físico y los oportunos análisis. Una vez realizados sin obtener resultados positivos se efectuará una evaluación psicológica y un historial completo consistente en la averiguación de antecedentes familiares de depresión o trastorno mental de cualquier otro tipo, así como del inicio y duración del mismo. Los profesionales también puede preguntar sobre el posible consumo de alcohol o drogas y si se tienen pensamientos de muerte o suicidio. Una vez diagnosticada, una persona con depresión puede ser tratada de varias maneras. Los tratamientos más comunes son la psicoterapia y la medicación.

Tratamiento

Psicoterapia

Son varios los tipos de psicoterapia a aplicar y que pueden ayudar a las personas con depresión. Los dos tipos principales son la Terapia Cognitivo-Conductual y la terapia interpersonal que facilitan la reestructuración de los patrones negativos de pensamiento en cuanto al entorno y la relación con los demás de una manera positiva y realista. También puede ayudar que la persona reconozca las situaciones o interpretaciones que pueden contribuir a la depresión y a cambiar el comportamiento que dé lugar a que la depresión empeore.

Para la depresión leve a moderada, la psicoterapia puede ser la mejor opción. Para la depresión severa o en ciertas personas, la psicoterapia puede no ser suficiente. Para los adolescentes, la combinación de medicamentos y psicoterapia puede ser el enfoque más eficaz para tratar la depresión mayor y la reducción de las posibilidades de que empeore.

Existen estudios que demuestran que el tratamiento de la depresión en los adultos con psicoterapia y medicación, durante al menos 2 años, además de una buena respuesta inicial evita la propensión a padecer depresión recurrente.

Debe intentarse:

-Estar activo y hacer ejercicio.

-Establecer metas realistas.

-Dividir tareas grandes en pequeñas, establecer prioridades en la medida de lo posible.

-Tratar de pasar tiempo con otras personas, amigos o familiares cercanos. No es bueno aislarse.

-No esperar que el estado de ánimo mejore de forma inmediata sino poco a poco.

-Posponer las decisiones importantes.

-Recordar que los pensamientos positivos deben reemplazar a los  pensamientos negativos.

-Continuar leyendo e informándose sobre la depresión.

Medicación

Los antidepresivos trabajan principalmente sobre sustancias químicas del cerebro, involucradas en la regulación del estado de ánimo, llamadas neurotransmisores, especialmente la serotonina y la norepinefrina, así como la dopamina. Algunos de los antidepresivos investigados más recientemente son  los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, los más comúnmente prescritos en sus versiones genéricas. Es del todo imprescindible que estos tipos de medicamentos sean prescritos y controlados por el médico y/o especialista en salud mental, con especial atención a los niños y adolescentes.

Los de reciente aparición tienden a presentar menores efectos secundarios que los antidepresivos más antiguos, aunque a veces producen dolores de cabeza, náuseas, nerviosismo o insomnio al ingerir las primeras dosis, remitiendo pasado un cierto tiempo.

Los tricíclicos son los antidepresivos que solían recetarse hace algún tiempo y con posibles efectos secundarios más graves. Pueden afectar al corazón en personas afectadas de cardiopatías y causar mareos, especialmente, en los adultos mayores. También somnolencia, boca seca y aumento de peso. Estos efectos secundarios generalmente disminuyen corrigiendo las dosis o cambiando de medicamento.

Los IMAOS o inhibidores de la monoamino oxidasa son los primeros medicamentos recetados para tratar la depresión. Pueden ser especialmente eficaces en casos “atípicos” de depresión. Las personas que toman este producto deben evitar ciertos alimentos y bebidas (incluyendo queso y vino tinto) que contienen la sustancia llamada tiramina, así como algunos medicamentos: píldoras anticonceptivas, calmantes prescritos para el dolor, alergia y suplementos herbales. Estas sustancias interactúan para causar un aumento peligroso de la presión arterial. El médico o profesional de la salud mental facilitará una lista completa de alimentos, medicamentos y sustancias que deben evitarse.

La supresión de todos estos medicamentos siempre debe ser supervisada por un médico o especialista y seguir fielmente las instrucciones sobre reducción de dosis que faciliten Aunque los antidepresivos no crean hábito o adicción, la falta de regularidad en este aspecto podría causar o conducir a la recaída a la depresión. Algunas personas con depresión crónica o recurrente quizá necesiten su medicación en pequeñas dosis permanentemente.

¿Cómo ayudar a un familiar o amigo?

Lo más importante podría ser aconsejar a la persona que acuda a un profesional o médico especializado para que pueda emitir un diagnóstico correcto y seguir el consiguiente tratamiento, sugiriendo al médico el cambio de medicamento si no se percibe mejoría  después de 6 a 8 semanas, además de:

-Ofrecer apoyo emocional, comprensión, paciencia y ánimo.

-Hablar con la persona afectada y escucharla con atención.

-Sin desestimar sus sentimientos, señalarle la realidad y ofrecer esperanza.

-No ignorar los comentarios acerca de suicidio e informar cuanto antes al terapeuta de los mismos.

-Invitar al afectado a salir a pasear, o que realice otras actividades que antes disfrutaba, aunque quizá se niegue, pero sin presionarle.

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